sábado, 1 de febrero de 2014

Ateca y la Máscara
 
 
 
 

Este fin de semana en Ateca entonaremos todos juntos la canción del Puente de Alcolea:

“En el Puente de Alcolea, había un puchero roto, le pegaron un balazo y cayó del puente abajo. 
Al pasar el río, al pasar el río a mi tío Antón le llegaba el agua hasta el calzón. “

Pero quizás pocos sepamos por donde iba y que hacía nuestro tío Antón  cuando cruzaba el río. Queremos reproducir un artículo que hemos extraído del Blog "El ojo del tuerto", y que nos puede ayudar a situar la canción.

 Lugares con Historia (I): El puente de Alcolea

 Ni qué decir tiene que en la España decimonónica los caminos eran muy precarios. España se vertebraba a través de los caminos reales. En la Andalucía occidental, el camino real bajaba desde Despeñaperros a Bailén y de allí a Córdoba y Sevilla. En la actualidad, gran parte de ese recorrido se encuentra bajo la carretera N-IV. Los antiguos puentes sobre el Guadalquivir, como éste que presentamos de Alcolea, han quedado relegados de las vías principales, si bien la pericia y estilo de los maestros constructores de tiempos pretéritos a veces aún saca los colores a los modernos arquitectos y sus funcionales estructuras de hormigón.
El puente de Alcolea, mandado construir por Carlos III y terminado en 1792 era un punto estratégico en las comunicaciones andaluzas, ya que su plataforma sobre el río abría la puerta de la ciudad de Córdoba. Seguro que cuando fue construido, nadie pensó que se convertiría en escenario de dos batallas históricas, de cuyo resultado iba a depender el destino del país.
El siete de junio de 1808, tan sólo unos años después de la construcción de este puente y con la sangre de los amotinados madrileños todavía caliente, las fuerzas del general Dupont fueron rechazadas en el puente de Alcolea por los voluntarios al mando de Pedro de Echávarri. Se podría decir que esta primera batalla fue poco importante, pero en realidad impidió a Dupont entrar en Córdoba y hacerse fuerte allí, por lo que el ejército francés tuvo que retirarse hacia la ciudad jienense de Bailén, donde se encontrarían con el ejército español del general Castaños y con un terrible destino. En una futura entrada ya contaré la ignominiosa historia de los supervivientes franceses de la batalla de Bailén y las atrocidades que con ellos se cometieron para vergüenza de todo el país y escándalo de Europa. Aunque al final Napoleón se hizo con la práctica totalidad de la Península Ibérica, Bailén marcó un hito, al convertirse en la primera derrota estrepitosa de un ejército francés en las Guerras Napoleónicas. 
Pero aún más importante que esta batalla de la Guerra de la Independencia podría ser la batalla que tuvo lugar también aquí mismo el 28 de septiembre de 1868. En esta ocasión, y ya como secular tradición iniciada en 1833, serían españoles contra españoles los que se enfrentarían sobre este puente. 

El reinado de Isabel II se había distinguido por la penuria económica y la pérdida de influencia exterior. Para colmo, los moderados llevaban veinte años atrincherados en el poder, marginando a los liberales y fomentando la aparición de grupos más radicales como los republicanos. En 1868 el descontento se materializó en un nuevo pronunciamiento. De nuevo la rebelión liberal nacía en Cádiz.
Mientras las fuerzas rebeldes ascendían por el camino de Madrid, los leales a Isabel, comandados por Manuel Pavía, marqués de Novalinches, descendían al encuentro de los insurrectos al mando del general Serrano. Ambas fuerzas se encontraron en el puente de Alcolea, y los revolucionarios asestaron un duro golpe a las fuerzas realistas, sufriendo estos unas pérdidas tan severas que hubieron de retirarse a toda prisa hacia el norte. Cuando la reina supo de la debacle de Alcolea, tomó las de Villadiego y no detuvo su carroza hasta llegar a París. España tenía por delante un sexenio revolucionario, el breve reinado de Amadeo de Saboya y la efímera Primera República.
Y todos estos acontecimientos se decidieron en la batalla del puente de Alcolea, este viejo y sólido puente que aún resiste el paso del tiempo para seguir contándonos su historia. 

Autor: Manuel Romero/RBolance)
 

1 comentario:

  1. Paco Martínez ATECA entre 188 y 1975.
    En la página 17 se lee: …”En aquel tiempo, lleno de temores y de supersticiones, todo el poder se otorgaba a fenómenos sobrenaturales, por ello se tenía la certeza de que si se pasaba agua por la cabeza de san Gregorio de Ostia y luego se bendecían los campos desaparecían las plagas de gusano y langosta.
    Para ello se traía en ocasiones hasta Ateca la cabeza del santo desde La Rioja, y eso es precisamente lo que se hizo el 12 de mayo de 1819, pero aquel día mientras se efectuaba el ritual en las eras de Santa Quitaría se desprendieron dos pequeños huesos del cráneo que fueron recogidos por mosén José Moreno Florén y colocados en sendos relicarios de plata.”
    Simplemente decir que el santuario de San Gregorio Ostiense, donde se veneran los restos del santo y su cabeza, aun que está muy próximo a la Rioja –seguramente de ahí el error- no está en la Rioja, si no en Navarra. Y más concretamente en el término de Sorlada, municipio muy próximo a la Villa de Los Arcos -Población de gran abolengo histórico en el antiguo Reino de Navarra.
    La historia sobre la muerte en Navarra de este santo peregrino –dicen que el primer peregrino de la historia del camino de Santiago-, en el Siglo XI; así como el curioso procedimiento que se siguió, algo “zoo-exotérico”, hasta dar con el lugar adecuado para su santuario es muy curioso y figura entre los antiguos anales escritos del Reino de Navarra.
    Durante siglos recibió peregrinaciones y rogativas este santuario de absolutamente toda España - desde Andalucía a Cataluña.
    Me parecía apropiada la corrección a una temática tan interesante y bien elaborada como la que has hecho, Paco.
    Un Abrazo y a ver si nos vemos un día.
    Carlos Amat Larraz.

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