martes, 27 de diciembre de 2011

Sobre Europa.










Leer o escuchar palabras, dichas o escritas, hace tiempo, puede resultar un ejercicio hilarante o indignante, según sea el caso. Pocas veces se repara en dar marcha atrás y leer declaraciones altisonantes del político, economista o intelectual de turno y enfrentarlas al presente.

Pero hay ocasiones en que leerlas te ratifica en la brillantez de quien las escribió: es el caso que me ocupa.

Ando leyendo desde el verano la obra completa de José Saramago y no puedo resistirme a copiar unas frases de su Cuaderno de Lanzarote, en el día 22 de junio de 1993. La cosa va sobre Europa y no tiene desperdicio:

"...Mi escepticismo sobre la Europa comunitaria no se ha modificado, sin embargo no consigo dejar de pensar que la Europa de hoy ya poco tendrá que ver con aquella otra Europa que imaginé conocer y de la que me he permitido hablar. Seguramente existen dificultades infinítamente más graves de las que un simple escritor (éste) sería capaz de nombrar. ¿Cómo se puede, por ejemplo, creer en la buena fe de Delors, que ahora, en la cumbre de Copenhague, salió con una llamada a la solidaridad de los pueblos europeos para la resolución del problema del desempleo? ¿Fue la falta de solidaridad la que produjo en Europa dieciocho millones de desempleados, o ellos son solamente el efecto más visible de la crisis de un sistema para el cual las personas no pasan de productores en todo momento dispensables y de consumidores obligados a consumir más de lo que necesitan? Europa, estimulada a vivir en la irresponsabilidad, es un tren disparado, sin frenos, donde unos pasajeros se divierten y otros sueñan con eso. A lo largo de la vía van sucediéndose las señales de alarma, pero ninguno de los conductores pregunta a los otros y a sí mismo: ¿Adónde vamos?

Feliz Navidad,

Fernando J.

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